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ARTE

 


El ser humano, “Creado a imagen de Dios, llamado a conocerle y amarle (…) descubre ciertas "vías" para acceder al conocimiento de Dios”. (Cf. CEC 31). “Estas "vías" para acercarse a Dios tienen como punto de partida la creación: el mundo material y la persona humana” (Ibídem); es a través de la reflexión y la contemplación de las cosas creadas que el ser humano descubre y percibe la presencia de Dios, “cuando el hombre escucha el mensaje de las criaturas y la voz de su conciencia, entonces puede alcanzar la certeza de la existencia de Dios, causa y fin de todo” (Ibídem, 46)

 

 

En la historia de la civilización humana, se evidencia esa búsqueda de Dios. El Ser humano creó diferentes formas y manifestaciones materiales e inmateriales con las que expresa o exterioriza  sentimientos y emociones. Estas manifestaciones se concretizan y se denominan arte: “(Del lat. ars, artis, y este calco del gr. τέχνη); Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros” [1]. El arte, intrínsecamente relacionado con el desarrollo cultural y religioso de la humanidad, inmortalizó las vivencias, creencias y formas de vida de las civilizaciones que han habitado la tierra. Por el arte rupestre, se conoce parte de la visión de los antepasados sobre la naturaleza y los misterios que ante sus ojos eran inexplicables,  por lo cual ofrecían a la creación rituales, danzas y cantos; con ese mismo asombro por las cosas creadas, los humanos continuaron mostrando en Mesopotamia y Creta (Arte Mesopotámico) la creencia en Deidades y criaturas fantásticas que custodiaban sus fortalezas; más tarde los artistas Griegos, comprendieron con la filosofía de Sócrates, Platón y Aristóteles el alcance del arte como técnica y forma de vida, la importancia de hacer el arte con perfección, simetría, proporción y belleza, relacionándola directamente con la verdad y el bien. El arte continuó su desarrollo en la historia con estos antecedentes que evidencian la necesidad que el ser humano tiene de Dios; luego llegó al acontecimiento que dividió esa historia: el nacimiento de Cristo, quien "es la imagen (visible) del Dios invisible. (Col; 1-15) Es a partir de este acontecimiento que las expresiones artísticas encuentran donde desembocar toda su fuerza y belleza, dado que el Cristianismo desde sus inicios, toma el arte (que era meramente humano) para dedicarlo al único y verdadero Dios; con razón el Concilio Vaticano II expresó que “entre las actividades más nobles del ingenio humano se cuentan las bellas artes, principalmente el arte religioso y su cumbre, que es el arte sacro.” (SC 122) De ahí, que la Asociación tome el arte como medio evangelizador, pues también en este punto de la historia, el arte debe hablar de Dios.

 

Motivadas en esa naturaleza divina del arte, las Hermanas Trovadoras fortalecerán en las comunidades parroquiales el uso del arte para evangelizar. “Es deseable que cada Iglesia particular aliente el uso de las artes en su tarea evangelizadora, en continuidad con la riqueza del pasado, pero también en la vastedad de sus múltiples expresiones actuales, en orden a transmitir la fe en un nuevo « lenguaje parabólico » (“Benedicto XVI, Discurso con ocasión de la proyección del documental « Arte y fe — via pulchritudinis », 7.),” [2] dando prioridad al arte netamente sacro (usado para el culto en la liturgia), y expandiendo su labor a otras expresiones artísticas con las que sea conveniente y adecuado llevar el mensaje de Cristo, apartándose de corrientes, tendencias, estilos o técnicas artísticas escandalosas, poco decorosas, “que repugnen a la fe, a las costumbres y a la piedad cristiana y ofendan el sentido auténticamente religioso, ya sea por la depravación de las formas, ya sea por la insuficiencia, la mediocridad o la falsedad del arte” (SC 123).Así, las hermanas de la Asociación, al igual que ”los artistas que llevados por su ingenio desean glorificar a Dios en la santa Iglesia, recuerden siempre que su trabajo es una cierta imitación sagrada de Dios creador y que sus obras están destinadas al culto católico, a la edificación de los fieles y a su instrucción religiosa.” (Ibídem 127)”



[1]Real Academia Española

[2]Evangelii Gaudium, 167.