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ESPIRITUALIDAD DE COMUNIÓN

“La caridad, como vínculo de la perfección y plenitud de la ley (cf. Col., 3,14), gobierna todos los medios de santificación, los informa y los conduce a su fin. De ahí que el amor hacia Dios y hacia el prójimo sea la característica distintiva del verdadero discípulo de Cristo”. (LG 42). Por ello la espiritualidad que las Hermanas Trovadoras de la Eucaristía acogen para cumplir su misión en la Iglesia es la Espiritualidad de la Comunión.

 

“Espiritualidad de la comunión significa ante todo una mirada del corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado. Espiritualidad de la comunión significa, además, capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico y, por tanto, como « uno que me pertenece », para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad. Espiritualidad de la comunión es también capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un « don para mí », además de ser un don para el hermano que lo ha recibido directamente. En fin, espiritualidad de la comunión es saber « dar espacio » al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (cf. Ga 6,2) y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos asechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias.” [1]

 

Esta espiritualidad emana del mandato nuevo del amor dejado por Cristo a sus discípulos y por consiguiente a la Iglesia universal y particular, a “una Iglesia toda ella signo e instrumento de salvación, toda ella Pueblo de Dios ministerial y jerárquico llamado a la santidad comunitaria, de una Iglesia toda ella Cuerpo de Cristo, de una Iglesia toda ella Comunión y Participación, con opción preferencial por los pobres y los jóvenes, de una Iglesia toda ella Comunión-Misión, entre Obispos, Sacerdotes, Religiosos y Laicos, toda ella movida por el Espíritu de Dios y todo esto aterrizado y encarnado en la vida diocesana y parroquial, en la vida de nuestras Provincias Eclesiásticas, en la vida de toda la Iglesia Colombiana”[2]

 

 
De allí, que la búsqueda incesante de vivir a plenitud éste mensaje de Cristo desemboque para las Hermanas Trovadoras, en la contemplación del sacramento del amor, la Sagrada Eucaristía.


[1] Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte del Sumo Pontífice Juan Pablo II. 43.

[2]LI Asamblea Plenaria del Episcopado (22 A 30 De Junio De 1989); Cuarto Panel: La formación de los fieles cristianos laicos. Mons. Gustavo Martínez Frías.